- septiembre 07, 2013
Ocho meses y medio. Guillermo está para comérselo, cosa que su madre sabe muy bien.
Para realizar esta foto le pedía a su madre que lo abrazara por que aún no se mantiene en pie solo pero ya quiere correr.
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Capturando los primeros pasos de Guillermo y Susana
Cuando Guillermo cumplió ocho meses y medio, su madre me escribió con una foto que resumía todo lo que estaba viviendo: un niño precioso que ya quiere correr pero que aún necesita un abrazo para sentirse seguro. Me propuso hacer una sesión en mi estudio de Zaragoza y acepté encantado. Sabía que tenía que crear un ambiente tranquilo, donde Guillermo pudiera explorar a su ritmo y Susana, su madre, pudiera estar cerca para darle ese abrazo que tanto necesitaba.
Cómo preparo una sesión infantil en mi estudio
Antes de que lleguen, hablo con las familias para conocer sus rutinas, sus juegos favoritos y cualquier detalle que pueda ayudar a que los niños se sientan como en casa. En el caso de Guillermo, su madre me contó que le encantaba el sonido de un sonajero y que se ponía contento cuando veía un peluche suave. Con esa información, preparé un rincón con luz natural, un fondo neutro y algunos juguetes que sabía que le gustaban. El objetivo no es forzar poses, sino dejar que el niño sea él mismo mientras yo observo y capturo esos momentos auténticos.
Un espacio seguro y cercano
Mi estudio está pensado para familias. Las paredes están pintadas en tonos suaves, hay un sofá cómodo donde los padres pueden sentarse y una zona de juegos pequeña que uso para que los niños se relajen antes de empezar. Cuando Guillermo llegó, lo dejé que explorara un poco, que tocara las texturas y que se acostumbrara al espacio. Mientras tanto, hablé con Susana sobre cómo le gustaba abrazarlo y cómo podía ayudarme a que se sintiera seguro. Con paciencia, fui acercándome poco a poco, sin apurarme, y cuando vi que estaba listo, le pedí a su madre que lo abrazara como lo hacía en casa. El resultado fue una imagen natural, llena de cariño, que refleja exactamente ese momento en el que Guillermo está a punto de dar sus primeros pasos.
Por qué las sesiones tranquilas funcionan
Los niños tienen su propio ritmo y, si les presionamos, perdemos la magia. En mi experiencia, las sesiones que fluyen sin prisas son las que dan las mejores fotos. Me adapto a cada niño: si necesita un descanso, lo dejo que juegue; si está curioso, lo dejo que explore; si quiere un abrazo, lo abrazo. Esa flexibilidad es la que hace que las familias se sientan cómodas y que los niños muestren su personalidad sin miedo.
Consejos para las familias que quieren una sesión
- Trae algo que le guste a tu hijo: un peluche, un libro o una canción.
- No te preocupes por la ropa perfecta; lo natural siempre queda bien.
- Si el niño está cansado, no fuerces la sesión; podemos posponerla para otro día.
- Confía en el proceso: yo me encargo de la técnica, tú solo tienes que ser tú mismo.
Preguntas frecuentes sobre las sesiones infantiles
¿Cuánto dura una sesión?
Normalmente, una sesión dura entre una y dos horas, pero siempre me adapto a las necesidades del niño y de la familia.
¿Qué debo llevar?
Lo más importante es que traigas algo que haga sentir seguro a tu hijo. La ropa puede ser cómoda y de colores suaves para que no distraiga.
¿Puedo estar presente durante la sesión?
Sí, tu presencia es fundamental. Estar cerca da seguridad al niño y me ayuda a entender mejor su comportamiento.
¿Cómo elijo el momento del día?
Elige un momento en el que el niño esté descansado y de buen humor. La luz natural del estudio es suave y agradable durante toda la mañana.
Conclusión
Capturar los primeros pasos de Guillermo fue un recordatorio de por qué amo mi trabajo. Ver cómo una madre abraza a su hijo y cómo ese gesto se convierte en una foto que perdurará para siempre es algo que no tiene precio. Si quieres vivir una experiencia similar con tus hijos, podemos preparar la sesión juntos. Solo escríbeme y hablamos de cómo quieres que sea ese momento especial.
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